Las notas de Carl Seelig sobre sus paseos con Robert Walser no tienen parangón en la historia de la literatura. Retratan a alguien que ha enmudecido, un poeta que «tuvo el tacto suficiente como para apearse de la vida». Al cumplir los cincuenta años, dejó de escribir y se contentó con su vida de paciente en un sanatorio mental. Carl Seelig, que quería ayudarlo a él y a su obra, en apariencia condenada al fracaso, lo visita regularmente en el sanatorio, y durante veinte años «se les autoriza a salir a pasear». Las notas relativas a estos paseos son inusuales, pues su autor pone la escritura al servicio de la transmisión de las auténticas palabras de Robert Walser. Nadie sabe si este paciente está enfermo, pero, en cualquier caso, es sabio. Sus conocimientos de literatura son inmensos sus m…
Las notas de Carl Seelig sobre sus paseos con Robert Walser no tienen parangón en la historia de la literatura. Retratan a alguien que ha enmudecido, un poeta que «tuvo el tacto suficiente como para apearse de la vida». Al cumplir los cincuenta años, dejó de escribir y se contentó con su vida de paciente en un sanatorio mental. Carl Seelig, que quería ayudarlo a él y a su obra, en apariencia condenada al fracaso, lo visita regularmente en el sanatorio, y durante veinte años «se les autoriza a salir a pasear». Las notas relativas a estos paseos son inusuales, pues su autor pone la escritura al servicio de la transmisión de las auténticas palabras de Robert Walser. Nadie sabe si este paciente está enfermo, pero, en cualquier caso, es sabio. Sus conocimientos de literatura son inmensos sus manifestaciones dan como resultado la poética de su propia obra sus juicios políticos son certeros y enigmáticos.
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Las notas de Carl Seelig sobre sus paseos con Robert Walser no tienen parangón en la historia de la literatura. Retratan a alguien que ha enmudecido, un poeta que «tuvo el tacto suficiente como para apearse de la vida». Al cumplir los cincuenta años, dejó de escribir y se contentó con su vida de paciente en un sanatorio mental. Carl Seelig, que quería ayudarlo a él y a su obra, en apariencia condenada al fracaso, lo visita regularmente en el sanatorio, y durante veinte años «se les autoriza a salir a pasear». Las notas relativas a estos paseos son inusuales, pues su autor pone la escritura al servicio de la transmisión de las auténticas palabras de Robert Walser. Nadie sabe si este paciente está enfermo, pero, en cualquier caso, es sabio. Sus conocimientos de literatura son inmensos sus m…