Reescribir nuestra historia también es leerla en femenino.
¿Sabías quién fue la primera persona en firmar un texto? ¿O que ni Jane Austen ni Emily Brontë vieron nunca sus nombres en uno de sus libros? La historia de la literatura está llena de mujeres borradas, silenciadas o escondidas tras nombres que no eran los suyos. Durante siglos, el patriarcado decidió quién merecía ser leído y quién debía quedarse en la sombra. Y sorpresa: casi siempre eran ellas.
Reescribir nuestra historia también es leerla en femenino.
¿Sabías quién fue la primera persona en firmar un texto? ¿O que ni Jane Austen ni Emily Brontë vieron nunca sus nombres en uno de sus libros? La historia de la literatura está llena de mujeres borradas, silenciadas o escondidas tras nombres que no eran los suyos. Durante siglos, el patriarcado decidió quién merecía ser leído y quién debía quedarse en la sombra. Y sorpresa: casi siempre eran ellas.
Comentarios (0)
No hay reseñas de clientes en este momento.
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
¿Está seguro de que quiere denunciar este comentario?
Reporte enviado
Su reporte ha sido enviado y será considerada por un moderador.
Su reporte no pudo ser enviado
Escriba su propia reseña
Reseña enviada
Su comentario ha sido añadido y estará disponible una vez sea aprobado por un moderador.
Su reseña no pudo ser enviada
Reescribir nuestra historia también es leerla en femenino.
¿Sabías quién fue la primera persona en firmar un texto? ¿O que ni Jane Austen ni Emily Brontë vieron nunca sus nombres en uno de sus libros? La historia de la literatura está llena de mujeres borradas, silenciadas o escondidas tras nombres que no eran los suyos. Durante siglos, el patriarcado decidió quién merecía ser leído y quién debía quedarse en la sombra. Y sorpresa: casi siempre eran ellas.