A principios del siglo XIII, como el conjunto de lo que acabaría siendo Europa, los reinos españoles vivieron el comienzo de la expansión de las órdenes mendicantes. Estas, según definición de la propia Iglesia, fueron las de dominicos, franciscanos, agustinos y carmelitas. Dentro de ellas, mientras sus miembros femeninos prolongaron los rasgos del monacato tradicional, los masculinos ofrecieron novedades: movilidad, mendicidad, predicación y formación intelectual. En los tres siglos que abarca este libro, vivieron una primera etapa de instalación, casi exclusivamente urbana, e inserción en el tejido social; una segunda de relajación, y una tercera de reformas, siendo especialmente perturbadora la que afectó a los franciscanos.
A principios del siglo XIII, como el conjunto de lo que acabaría siendo Europa, los reinos españoles vivieron el comienzo de la expansión de las órdenes mendicantes. Estas, según definición de la propia Iglesia, fueron las de dominicos, franciscanos, agustinos y carmelitas. Dentro de ellas, mientras sus miembros femeninos prolongaron los rasgos del monacato tradicional, los masculinos ofrecieron novedades: movilidad, mendicidad, predicación y formación intelectual. En los tres siglos que abarca este libro, vivieron una primera etapa de instalación, casi exclusivamente urbana, e inserción en el tejido social; una segunda de relajación, y una tercera de reformas, siendo especialmente perturbadora la que afectó a los franciscanos.
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A principios del siglo XIII, como el conjunto de lo que acabaría siendo Europa, los reinos españoles vivieron el comienzo de la expansión de las órdenes mendicantes. Estas, según definición de la propia Iglesia, fueron las de dominicos, franciscanos, agustinos y carmelitas. Dentro de ellas, mientras sus miembros femeninos prolongaron los rasgos del monacato tradicional, los masculinos ofrecieron novedades: movilidad, mendicidad, predicación y formación intelectual. En los tres siglos que abarca este libro, vivieron una primera etapa de instalación, casi exclusivamente urbana, e inserción en el tejido social; una segunda de relajación, y una tercera de reformas, siendo especialmente perturbadora la que afectó a los franciscanos.