Hay un hombre en un sótano de San Petersburgo que lleva cuarenta años encerrado en su pensamiento rumiante. No es un villano ni un héroe, sino algo peor. Es alguien que se nos parece.
El "hombre del subsuelo" habla solo, se contradice, se humilla y luego se avergüenza de haberse humillado. Odia a la gente, pero necesita su atención. Es perfectamente racional, pero desprecia la razón con toda su alma, porque nada puede resultar más lamentable ni opresivo que la verdad incontestable de que dos más dos son cuatro.
El hombre del subsuelo no quiere ser bueno ni feliz. Quiere tener razón. Quiere que lo dejen en paz. Quiere que todos lo escuchen. Quiere que todos se vayan. Quiere, sobre todo, querer lo que le dé la gana, aunque eso lo destruya.
Lo reconocemos enseguida porque el mecanismo nos e…
Hay un hombre en un sótano de San Petersburgo que lleva cuarenta años encerrado en su pensamiento rumiante. No es un villano ni un héroe, sino algo peor. Es alguien que se nos parece.
El "hombre del subsuelo" habla solo, se contradice, se humilla y luego se avergüenza de haberse humillado. Odia a la gente, pero necesita su atención. Es perfectamente racional, pero desprecia la razón con toda su alma, porque nada puede resultar más lamentable ni opresivo que la verdad incontestable de que dos más dos son cuatro.
El hombre del subsuelo no quiere ser bueno ni feliz. Quiere tener razón. Quiere que lo dejen en paz. Quiere que todos lo escuchen. Quiere que todos se vayan. Quiere, sobre todo, querer lo que le dé la gana, aunque eso lo destruya.
Lo reconocemos enseguida porque el mecanismo nos es familiar: sabemos que estamos mandando ese mensaje que no debemos, que nos estamos sobreexponiendo y mañana nos arrepentiremos, que esa respuesta que seguimos esperando no va a llegar. Pero lo hacemos igual. Él es nuestro monólogo interior más oscuro.
Apuntes del subsuelo (1864) es el libro que Dostoyevski escribió antes de escribir todos los demás: el laboratorio donde nació Raskólnikov, donde se gestó el príncipe Myshkin, donde empezó todo. Un monólogo feroz e irónico que anticipa el psicoanálisis y desmonta la idea de que el ser humano actúa por interés racional.
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Hay un hombre en un sótano de San Petersburgo que lleva cuarenta años encerrado en su pensamiento rumiante. No es un villano ni un héroe, sino algo peor. Es alguien que se nos parece.
El "hombre del subsuelo" habla solo, se contradice, se humilla y luego se avergüenza de haberse humillado. Odia a la gente, pero necesita su atención. Es perfectamente racional, pero desprecia la razón con toda su alma, porque nada puede resultar más lamentable ni opresivo que la verdad incontestable de que dos más dos son cuatro.
El hombre del subsuelo no quiere ser bueno ni feliz. Quiere tener razón. Quiere que lo dejen en paz. Quiere que todos lo escuchen. Quiere que todos se vayan. Quiere, sobre todo, querer lo que le dé la gana, aunque eso lo destruya.
Lo reconocemos enseguida porque el mecanismo nos e…