La insomne: antología esencial 1987-2012
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La insomne: antología esencial 1987-2012

16,00 €
Impuestos incluidos
"Poeta es el que no duerme. El poeta es un insomne de guardia, alguien que cuida el sueño de los que sí duermen para que estos no sean devorados por lo que sueñan. También para que no sean abandonados o suplantados o traicionados por eso que sueñan o dejan de soñar. Poeta es el que se mantiene despierto dentro de su sueño contando palabras, limpiando palabras, ajustando el mecanismo antiguo de las palabras." La insomne reúne los poemas más destacados y significativos de la obra de Jesús Aguado. Iniciada en los años ochenta, se ha convertido en un referente decisivo del panorama literario español en los inicios del siglo XXI y posee en la actualidad una madurez de recursos expresivos, una capacidad de recreación temática y una penetración de pensamiento extraordinarias. El presente volume…
Cantidad

018446

Ficha técnica

Autor
Aguado, Jesús
ISBN
9788437506920
Presentación
Rústico
Peso
286 gr.
Editorial
Fondo de Cultura Económica
Nº de páginas
142
Año de Edición
2013
Área temática
Poesía en español
"Poeta es el que no duerme. El poeta es un insomne de guardia, alguien que cuida el sueño de los que sí duermen para que estos no sean devorados por lo que sueñan. También para que no sean abandonados o suplantados o traicionados por eso que sueñan o dejan de soñar. Poeta es el que se mantiene despierto dentro de su sueño contando palabras, limpiando palabras, ajustando el mecanismo antiguo de las palabras." La insomne reúne los poemas más destacados y significativos de la obra de Jesús Aguado. Iniciada en los años ochenta, se ha convertido en un referente decisivo del panorama literario español en los inicios del siglo XXI y posee en la actualidad una madurez de recursos expresivos, una capacidad de recreación temática y una penetración de pensamiento extraordinarias. El presente volumen culmina una trayectoria poética imprescindible. EL RELOJ DE ARENA Considerábamos que el uno era metáfora del otro. Su cuerpo era su cuerpo y además el laberinto de mis manos: cuando la amaba no buscaba el placer; buscaba al minotauro de mi vida, un monstruo que se llama, según todas las crónicas, tristeza. Mi cuerpo era mi cuerpo y además una imagen del tiempo: me abrazaba como quien lanza a la pared cien relojes de arena en cada uno de los cuales dejó enterrado algo de sí mismo. Un día, sin embargo, me desperté sediento a medianoche y en la cocina vi, sin que se percatara de mi presencia, cómo le daba de comer al minotauro, cómo le hacía carantoñas y guiños cómplices. Cuando de nuevo hicimos el amor puse un reloj de arena donde ella no pudiera descubrirlo y, mientras destrozaba los otros noventa y nueve, le arrebaté un gemido y lo enterré. Luego metí el reloj en el bolsillo y salí de su casa.
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