En el panorama de la generación del cincuenta, el nombre de Alberto Rubio se sitúa de manera extraordinaria, insular y retirada de los cauces literarios de la época. Se trata de un poeta raro donde los haya, que indistintamente echa mano del barroco español y del habla doméstica, desdeñando las modas y la ruptura por la ruptura, y que sin embargo logra conectarse con su tiempo y con los dos polos de tensión marcados por sus coetáneos Enrique Lihn y Jorge Teillier, a través de imágenes cristalinas, iluminadas, preurbanas, y de un lenguaje enrevesado, sorprendente y hasta caprichoso en la condensación. En este libro se reúnen, por primera vez, las únicas y brevísimas obras publicadas por Rubio ûLa greda vasija, de 1952, y Trances, de 1987-, más veintidós poemas que dejó dispersos en revista…
En el panorama de la generación del cincuenta, el nombre de Alberto Rubio se sitúa de manera extraordinaria, insular y retirada de los cauces literarios de la época. Se trata de un poeta raro donde los haya, que indistintamente echa mano del barroco español y del habla doméstica, desdeñando las modas y la ruptura por la ruptura, y que sin embargo logra conectarse con su tiempo y con los dos polos de tensión marcados por sus coetáneos Enrique Lihn y Jorge Teillier, a través de imágenes cristalinas, iluminadas, preurbanas, y de un lenguaje enrevesado, sorprendente y hasta caprichoso en la condensación. En este libro se reúnen, por primera vez, las únicas y brevísimas obras publicadas por Rubio ûLa greda vasija, de 1952, y Trances, de 1987-, más veintidós poemas que dejó dispersos en revistas, diarios y antologías, lo que en total suma una de las más notables miniaturas de la poesía chilena contemporánea.
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En el panorama de la generación del cincuenta, el nombre de Alberto Rubio se sitúa de manera extraordinaria, insular y retirada de los cauces literarios de la época. Se trata de un poeta raro donde los haya, que indistintamente echa mano del barroco español y del habla doméstica, desdeñando las modas y la ruptura por la ruptura, y que sin embargo logra conectarse con su tiempo y con los dos polos de tensión marcados por sus coetáneos Enrique Lihn y Jorge Teillier, a través de imágenes cristalinas, iluminadas, preurbanas, y de un lenguaje enrevesado, sorprendente y hasta caprichoso en la condensación. En este libro se reúnen, por primera vez, las únicas y brevísimas obras publicadas por Rubio ûLa greda vasija, de 1952, y Trances, de 1987-, más veintidós poemas que dejó dispersos en revista…