Peregrinar hasta Santiago de Compostela es una de las escasas experiencias que todavía compartimos con las gentes de la Edad Media, aunque el viaje ha cambiado mucho desde entonces. Resulta admirable la fortaleza espiritual y física de aquellos hombre y mujeres que, con distintas motivaciones, fueron capaces de recorrer caminos desconocidos, enfrentarse a lenguas y costumbres extrañas, afrontar mil peligros para, finalmente, llegar hasta Santiago de Compostela, cumplir su promesa y rezar ante el apóstol, confiándole sus anhelos y esperanzas y rendirse a su protección. Fue su camino extraordinaria aventura, de la que muchos no pudieron regresar.
Peregrinar hasta Santiago de Compostela es una de las escasas experiencias que todavía compartimos con las gentes de la Edad Media, aunque el viaje ha cambiado mucho desde entonces. Resulta admirable la fortaleza espiritual y física de aquellos hombre y mujeres que, con distintas motivaciones, fueron capaces de recorrer caminos desconocidos, enfrentarse a lenguas y costumbres extrañas, afrontar mil peligros para, finalmente, llegar hasta Santiago de Compostela, cumplir su promesa y rezar ante el apóstol, confiándole sus anhelos y esperanzas y rendirse a su protección. Fue su camino extraordinaria aventura, de la que muchos no pudieron regresar.
Comentarios (0)
No hay reseñas de clientes en este momento.
Su agradecimiento a la reseña no pudo ser enviado
Reportar comentario
¿Está seguro de que quiere denunciar este comentario?
Reporte enviado
Su reporte ha sido enviado y será considerada por un moderador.
Su reporte no pudo ser enviado
Escriba su propia reseña
Reseña enviada
Su comentario ha sido añadido y estará disponible una vez sea aprobado por un moderador.
Su reseña no pudo ser enviada
Peregrinar hasta Santiago de Compostela es una de las escasas experiencias que todavía compartimos con las gentes de la Edad Media, aunque el viaje ha cambiado mucho desde entonces. Resulta admirable la fortaleza espiritual y física de aquellos hombre y mujeres que, con distintas motivaciones, fueron capaces de recorrer caminos desconocidos, enfrentarse a lenguas y costumbres extrañas, afrontar mil peligros para, finalmente, llegar hasta Santiago de Compostela, cumplir su promesa y rezar ante el apóstol, confiándole sus anhelos y esperanzas y rendirse a su protección. Fue su camino extraordinaria aventura, de la que muchos no pudieron regresar.